La economía se encamina a la recesión y echa por tierra el insólito pronóstico que el ministro de Economía, Luis Caputo, lanzó en abril, cuando prometió que estaban por llegar "los mejores 18 meses de nuestras vidas".
Esto sucede, claramente, porque el obstáculo para ese paraíso de mayorías es Caputo.
Nada de lo prometido durante más de dos años está sucediendo.
El crecimiento no arranca, la desinflación pierde continuidad y el superávit fiscal empieza a mostrar cada vez más costuras, porque se sostiene pateando pagos y dejando fuera de la cuenta del gasto la deuda que se capitaliza.
En suma, el programa acumula promesas incumplidas y resultados ilusorios que no terminan de aparecer, mientras los logros pretendidos dependen cada vez más de cómo se presentan los números.
Hace rato que nadie duda acerca de que el llamado programa de normalización libertario es un feroz ajuste clásico, que busca enfriar la economía, con anclas como el tipo de cambio y el salario, para reducir la inflación.
Esto tiene su correlato en el entramado productivo y el empleo formal.
Entre noviembre de 2023 y julio de 2026, durante la gestión de Javier Milei, la Argentina perdió 32.290 empleadores con trabajadores registrados, una caída del 6,3%, según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) basado en datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).
En el mismo período desaparecieron 437.611 puestos de trabajo registrados, un retroceso del 4,4%.
La tendencia se mantuvo en julio, cuando se registraron 948 empleadores menos y una pérdida de 3.485 puestos de trabajo.
En este escenario, los rumores acerca de una posible salida de Caputo se multiplicaron.
No es la primera vez que pasa, pero, en los anteriores casos, había sido el propio ministro el que los había fomentado, descontento con algunas decisiones de Milei.